vivo, eternamente enraizada
en el mar de los tormentos,
de las noches entumecidas
por las ansias que nunca mueren.
castigo de la luna
es este dolor inquebrantable,
esta soledad infinita,
este martirio de verte alejado,
proyectado en la luna,
en el prolongado túnel
que te extiende en la lontananza.
en el horizonte oscuro,
opaco,
lloroso,
completamente ruinoso.
siento un delirio punzante,
por causa de esta daga que sangra en mi pecho,
de la impronta que dejó
el metal mancillado de pena,
de lágrimas que caen a torrentes,
de silencios que ahogan.
no encuentro refugio,
mi interior se retuerce, se agusana,
se llena de veneno,
no destila otra cosa que muerte.
la neblina se traga mis
ruidos,
mis respiraciones vacilantes,
mis dedos fruncidos, mi piel amustiada,
mis labios abyectos.
atormentada.
por una ausencia que asesina,
hasta mis últimas bocanadas de amor,
de aire,
de angustiosa esperanza en la nada.
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