"Yo me he cerrado a ellos como una ostra, y me he reído en la cara de los tres con la hilaridad que me produce la torpe pretensión de vencer mis orgullosas fortalezas interiores. Me he reído porque sé más que ellos".
"He leído literatura hermética, he tenido sueños profundos que me transfirieron a los tiempos puros del Conocimiento y he bebido la fuente de la Gracia mientras la hermandad de la Pirámide cantaba Aleluyas en coro. Me han dado las fórmulas del Secreto y del Poder. La Cábala es mi sirvienta".
"Y fue mi Voluntad talar todos los malditos mangos, porque cada hoja que susurra no es una hoja que susurra sino una lengua de Demonio que sisea maldiciones terribles que me impiden dormir, porque un ser normal, cuyo cerebro está llamado a partir y ser parte de la Armonía de las Esferas no puede sustraerse de su mísera envoltura de huesos cuando lo perturba ese coro de maldiciones infernales".
"Talé los mangos en legítima defensa, y en legítima defensa instalé diez, veinte, cien reflectores que iluminan toda la casa. Porque los Demonios temen a la luz como temen a las Alturas que nos aproximan a las Mansiones Celestes. Y es bajo ese Principio que ordené los planos del Edificio del Dedo del Bueno, de 22 pisos. Fíjense bien: de 22 pisos, para instalarme en el doble de la altura en que está el Cubículo del Malo, allá en esa excrecencia del Infierno que es el Edificio Imperial".
"Estoy protegido, protegido contra todo, gozando de mi gran broma: Celina no está muerta. Vive. Está conmigo. Volvió para traerme su Amor, y su Amor es mi Talismán contra todo mal en este mundo. Estamos de nuevo juntos, devueltos a un principio más sincero y completo: ella Madre, yo Hijo, dispuestos a empezar todo de nuevo".
Los hombres de Celina - Halley Mora.