Soy sólo tuya y para rendir culto a tu cuerpo, nací; para desatar mis nudos en tus orillas; para replegar mis miedos, a salvo, en tus mejillas. Soy sólo tuya y para besar tus dedos de miel viene a este mundo de ausencias. Para acompañar tus pasos y llenar de versos los costados de tu andar, por los suelos de este mundo.
Para ser tuya y para que te reconozcas en mi cuerpo, en la absurda distancia que revitaliza nuestro amor desesperado, mis ojos se abrieron una tarde de otoño...
Soy sólo tuya, y mis noches tienen nada más que tu aroma, el reflejo de tus besos y la sombra exquisita de tus sudores. Mis oscuridades tienen sólo tus huellas, tus dedos ejecutándome, tu cuello amándome, tus brazos sujetándome, tu cuerpo desnudándome y tus ojos, tus profundos ojos, enamorándome.
Un silencio irredento se apodera de la noche en llamas. Otro silencio, estruendoso esta vez, venido del centro de la nada, se hace dueño del silencio que le precede. Un silencio que cala mis dedos. Es el mismo que se entristece por no poder acallar las voces que se mezclan en mi cama, mis libros y una frazada.
29/3/10
Innecesario...
vivo, eternamente enraizada
en el mar de los tormentos,
de las noches entumecidas
por las ansias que nunca mueren.
castigo de la luna
es este dolor inquebrantable,
esta soledad infinita,
este martirio de verte alejado,
proyectado en la luna,
en el prolongado túnel
que te extiende en la lontananza.
en el horizonte oscuro,
opaco,
lloroso,
completamente ruinoso.
siento un delirio punzante,
por causa de esta daga que sangra en mi pecho,
de la impronta que dejó
el metal mancillado de pena,
de lágrimas que caen a torrentes,
de silencios que ahogan.
no encuentro refugio,
mi interior se retuerce, se agusana,
se llena de veneno,
no destila otra cosa que muerte.
la neblina se traga mis
ruidos,
mis respiraciones vacilantes,
mis dedos fruncidos, mi piel amustiada,
mis labios abyectos.
atormentada.
por una ausencia que asesina,
hasta mis últimas bocanadas de amor,
de aire,
de angustiosa esperanza en la nada.
en el mar de los tormentos,
de las noches entumecidas
por las ansias que nunca mueren.
castigo de la luna
es este dolor inquebrantable,
esta soledad infinita,
este martirio de verte alejado,
proyectado en la luna,
en el prolongado túnel
que te extiende en la lontananza.
en el horizonte oscuro,
opaco,
lloroso,
completamente ruinoso.
siento un delirio punzante,
por causa de esta daga que sangra en mi pecho,
de la impronta que dejó
el metal mancillado de pena,
de lágrimas que caen a torrentes,
de silencios que ahogan.
no encuentro refugio,
mi interior se retuerce, se agusana,
se llena de veneno,
no destila otra cosa que muerte.
la neblina se traga mis
ruidos,
mis respiraciones vacilantes,
mis dedos fruncidos, mi piel amustiada,
mis labios abyectos.
atormentada.
por una ausencia que asesina,
hasta mis últimas bocanadas de amor,
de aire,
de angustiosa esperanza en la nada.
Ausencia
hace tiempo que los días se han vuelto ágrafos,
papel sin tinta,
palabra mal herida,
velo raído,
silencio acumulado en las paredes del olvido.
ya no marca el reloj el tiempo que no tengo,
ya no enciende el día la lumbre que no quiero.
la palabra se deshizo en algún resquicio
del inmenso bosque de la frustración;
se incineró el misterio que deshila cada letra,
y con esa nada que se desprende de esta
miseria,
sobrevino el mutismo eterno.
qué busco, atrapada en la inmovilidad?
qué se encuentra, si se busca un camino
con piedras y verdes luces,
pero no se halla más que oscuridad?
la luna marca mis pasos durante los días,
esa luna blanca que no brilla,
que sonríe o llora,
pero que no resplandece.
hace tiempo que la primavera y el verano
se congelaron en el tiempo que no corre,
más aún,
mis manos no han logrado labrar
en la superficie,
la imagen de la palabra.
papel sin tinta,
palabra mal herida,
velo raído,
silencio acumulado en las paredes del olvido.
ya no marca el reloj el tiempo que no tengo,
ya no enciende el día la lumbre que no quiero.
la palabra se deshizo en algún resquicio
del inmenso bosque de la frustración;
se incineró el misterio que deshila cada letra,
y con esa nada que se desprende de esta
miseria,
sobrevino el mutismo eterno.
qué busco, atrapada en la inmovilidad?
qué se encuentra, si se busca un camino
con piedras y verdes luces,
pero no se halla más que oscuridad?
la luna marca mis pasos durante los días,
esa luna blanca que no brilla,
que sonríe o llora,
pero que no resplandece.
hace tiempo que la primavera y el verano
se congelaron en el tiempo que no corre,
más aún,
mis manos no han logrado labrar
en la superficie,
la imagen de la palabra.
Sombra
Brindemos por el aire,
por el viento
por ese vaso que se allana
para dar cabida a nuestros cuerpos.
Brindemos por el lazo
que se ata entre tus dedos y los mios,
por el miedo,
por el sueño,
por los ojos que se nublan
para evitar al deseo.
Brindemos por el ocaso
de las noches
que nace a nuestros costados.
Por esa nada
que se revierte entre nosotros,
que se evapora,
pero que a cada momento
en que el vaso húmedo
recorre el eterno trayecto,
se hace fuego y temblor,
casi infierno.
Brindemos.
Porque es lo único
que queda,
porque es lo único
que se puede hacer
cuando la luna se niega,
cuando las estrellas
entienden
que la luz de ese vaso,
no es más que sombra.
por el viento
por ese vaso que se allana
para dar cabida a nuestros cuerpos.
Brindemos por el lazo
que se ata entre tus dedos y los mios,
por el miedo,
por el sueño,
por los ojos que se nublan
para evitar al deseo.
Brindemos por el ocaso
de las noches
que nace a nuestros costados.
Por esa nada
que se revierte entre nosotros,
que se evapora,
pero que a cada momento
en que el vaso húmedo
recorre el eterno trayecto,
se hace fuego y temblor,
casi infierno.
Brindemos.
Porque es lo único
que queda,
porque es lo único
que se puede hacer
cuando la luna se niega,
cuando las estrellas
entienden
que la luz de ese vaso,
no es más que sombra.
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