1/10/09

A algún dios

El escueto sonido de su omnipotencia
casi imperceptible,
el vacío redondo de sus respuestas,
la ignorancia de sus ojos.

¿Acaso existes?
¿Dónde estás, solemnte creador
del todo,
increado ser incorpóreo,
secularmente
antropormorfizado?


¿Oyes o no mis plegarias,
mis lamentos lacerantes,
mis aullidos monótonos,
bajo lunas doradas
y soles recalcitrantes?

Vago en el pantano oscuro
de tu ausencia,
y mis raíces,
antes fuertes,
arden en el fuego del vacío
que daña a mi piel.

¿Existes o no
ser de antaño,
señor de la misericordia
y la justicia,
antagonismo divinizado,
potencia debilitada
por los frutos de la ciencia
y la inteligencia?

Callo.

Observo la nulidad
que arrastras bajo esa barba
blanquecina, imaginada,
muda.

Bajo esos ojos cristálicos,
murmuros del bosque
desolado de la mortalidad
humana.

Bajo esos labios cocidos,
esos oídos diluídos,
que son tierra de diluvios
y mar de castigo.

Y finalmente,
aunque no te encuentro
decido,
impulsada por mi propio albeldrío,
retosar fortuitamente
en la vasija de tu existencia
imperceptible e intocable,
sólo por el efímero miedo
a las doctrinas,
a la nada,
a la excelsa oscuridad
después de la vida.

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