28/9/09

Tengo miedo a escribir .....

Tengo miedo a escribir, a poner palabras en cualquier espacio blanco e infinito. No encuentro las ideas ni la facilidad para expresar las pocas que emergen desde lo profundo de mi mente. Me estanco en el punto donde convergen mi deseo y la acción, me falta la respiración, se aletargan mis músculos y no puedo concretar nada más que no sea frustración.

Tengo miedo a narrar, a improvisar con las palabras, pero si llego a empezar el proceso de invención, tengo miedo a quedarme anquilosada, inmóvil, sin herramientas para seguir componiendo la pieza lingüística que había iniciado.

Ese es mi problema. El miedo. El temor. La inseguridad con que paro unas palabras, la consiguiente debilidad con que las esculpo, las reordeno y finalmente, la rapidez con que esa fragilidad envenena mis venas y logra dejarme varada en el silencio, en las entrañas de la nulidad.

He tratado de encontrar otras explicaciones a mi imposibilidad de escribir. ¿Falta de práctica? ¿Exagerado esmero de perfección? ¿Ausencia de tiempo, espacio, disponibilidad para dibujar letras en unas hojas? No lo sé. Desarrollo cada una de esas interrogantes, las desmenuzo, escarbo en sus génesis y caigo en lo mismo: el miedo a escribir. No encuentro en ningún otro motivo la principal excusa para seguir huyendo de esto que es lo único que me gusta hacer, que realmente siento que me completa, que restaña mis dolores y que me constituye en hacedora de mis finales, de mis desenlaces y de los que forman parte de la realidad que me rodea.

Es el único medio para cambiar los hechos, para convertir las múltiples existencias que levitan a nuestro alrededor en ficción, en sucesos maleables a las palabras y a los deseos más íntimos y egoístas del escritor. Es el único consuelo a tantas iniquidades, aunque después del punto final que remata el ensueño, volvemos a mirar los ojos, las heridas, las expresiones de sufrimiento, así como también los leves oasis de felicidad que forman la heterogénea realidad en que nos movemos.

Escribir es el verbo con el cual quiero alcanzar los vértices más altos de esta figura geométrica llamada “vida”. Espero que al final de este proceso de exorcizar mis demonios, de pulir mi capacidad, consiga grabar en cielos blancos, cuerpos de letras que expresen íntegramente mis ideas y que ya no estén contaminadas con mi tan indeseado miedo. Con este miedo que estuvo a punto de no dejarme escribir todo esto que ahora Ud. está leyendo.

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